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lunes, 4 de noviembre de 2013

¿QUÉ DEBE SABER UN NIÑO DE 4 AÑOS?

A raíz de una conversación en las reuniones individuales me acordé de este artículo que había leído hace poco. Como le dije a la mami con la que hablaba ese día, aquí os lo pongo para que lo leáis. Es interesante...


 Hace poco, en un foro sobre la educación de los hijos, leí una entrada de una madre preocupada porque sus hijos, de cuatro años y año y medio, no sabían lo suficiente. "¿Qué debe saber un niño de cuatro años?", preguntaba.
Las respuestas que leí no solo me entristecieron sino que me irritaron. Una madre indicaba una lista de todas las cosas que sabía su hijo. Contar hasta 100, los planetas, escribir su nombre y apellido, y así sucesivamente. Otras presumían de que sus hijos sabían muchas más cosas, incluso los de tres años. Algunas incluían enlaces a páginas con listas de lo que debe saber un niño a cada edad. Solo unas pocas decían que cada niño se desarrolla a su propio ritmo y que no hay que preocuparse.
Me molestó mucho que la respuesta de esas mujeres a una madre angustiada fuera añadirle más preocupación, con listas de todo lo que sabían hacer sus hijos y los de ella no. Somos una cultura tan competitiva que hasta nuestros niños en edad preescolar se han convertido en trofeos de los que presumir. La infancia no debe ser una carrera.
Por todo ello, he decidido proponer mi lista de lo que debe saber un niño (o una niña) de cuatro años:
  1. Debe saber que la quieren por completo, incondicionalmente y en todo momento
  2. Debe saber que está a salvo y debe saber cómo mantenerse a salvo en lugares públicos, con otra gente y en distintas situaciones. Debe saber que tiene que fiarse de su instinto cuando conozca a alguien y que nunca tiene que hacer algo que no le parezca apropiado, se lo pida quien se lo pida. Debe conocer sus derechos y que su familia siempre le va a apoyar.
  3. Debe saber reír, hacer el tonto, ser gamberro y utilizar su imaginación. Debe saber que nunca pasa nada por pintar el cielo de color naranja o dibujar gatos con seis patas.
  4. Debe saber lo que le gusta y tener la seguridad de que se le va a dejar dedicarse a ello. Si no le apetece nada aprender los números, sus padres tienen que darse cuenta de que ya los aprenderá, casi sin querer, y dejar que en cambio se dedique a las naves espaciales, los dinosaurios, a dibujar o a jugar en el barro.
  5. Debe saber que el mundo es mágico y ella también. Debe saber que es fantástica, lista, creativa, compasiva y maravillosa. Debe saber que pasar el día al aire libre haciendo collares de flores, pasteles de barro y casitas de cuentos de hadas es tan importante como practicar la fonética. Mejor dicho, mucho más.
Pero más importante es lo que deben saber los padres:
  1. Que cada niño aprende a andar, hablar, leer y hacer cálculos a su propio ritmo, y que eso no influye en absoluto en cómo de bien ande, hable, lea o haga cálculos después.
  2. Que el factor que más influye en el buen rendimiento académico y las buenas notas en el futuro es que leer a los niños de pequeños. No las fichas, ni los manuales, ni las guarderías elegantes, ni los juguetes y ordenadores más rutilantes, sino que mamá o papá dediquen un rato cada día o cada noche (o ambos) a sentarse a leerles buenos libros.
  3. Que ser el niño más listo o más estudioso de la clase nunca ha significado ser el más feliz. Estamos tan obsesionados por tratar de dar a nuestros hijos todas las "ventajas" que lo que les estamos dando son unas vidas tan pluriempleadas y llenas de tensión como las nuestras. Una de las mejores cosas que podemos ofrecer a nuestros hijos es una niñez sencilla y despreocupada.
  4. Que nuestros niños merecen vivir rodeados de libros, naturaleza, utensilios artísticos y la libertad para explorarlos. La mayoría de nosotros podríamos deshacernos del 90% de los juguetes de nuestros hijos y no los echarían de menos, pero algunos son importantes: juguetes como los LEGO y las construcciones, juguetes creativos como los materiales artísticos de todo tipo (buenos), los instrumentos musicales (tanto clásicos como multiculturales), disfraces, y libros y más libros (cosas, por cierto, que muchas veces se pueden conseguir muy baratas en tiendas de segunda mano). Necesitan libertad para explorar con estas y otras cosas, para jugar con montoncitos de alubias secas en el taburete (supervisados, por supuesto), amasar pan y ponerlo todo perdido, usar pintura, plastilina y purpurina en la mesa de la cocina mientras hacemos la cena aunque lo salpiquen todo, tener un rincón en el jardín en que puedan arrancar la hierba y hacer un cajón de barro.
  5. Que nuestros hijos necesitan tenernos más. Hemos aprendido tan bien eso de que necesitamos cuidar de nosotros mismos que algunos lo usamos como excusa para que otros cuiden de nuestros hijos. Claro que todos necesitamos tiempo para un baño tranquilo, ver a los amigos, un rato para despejar la cabeza y, de vez en cuando, algo de vida aparte de los hijos. Pero vivimos en una época en la que las revistas para padres recomiendan que tratemos de dedicar 10 minutos diarios a cada hijo y prever un sábado al mes dedicado a la familia. ¡Qué horror! Nuestros hijos necesitan la Nintendo, los ordenadores, las actividades extraescolares, las clases de ballet, los grupos organizados para jugar y los entrenamientos de fútbol mucho menos de lo que nos necesitan a NOSOTROS. Necesitan a unos padres que se sienten a escuchar su relato de lo que han hecho durante el día, unas madres que se sienten a hacer manualidades con ellos, padres y madres que les lean cuentos y hagan tonterías con ellos. Necesitan que demos paseos con ellos en las noches de primavera sin importarnos que el pequeñajo vaya a 150 metros por hora. Tienen derecho a ayudarnos a hacer la cena aunque tardemos el doble y trabajemos el doble. Tienen derecho a saber que para nosotros son una prioridad y que nos encanta verdaderamente estar con ellos.
Y volviendo a esas listas de lo que saben los niños de cuatro años...
Sé que es natural comparar a nuestros hijos con otros niños y querer asegurarnos de que estamos haciendo todo lo posible por ellos. He aquí una lista de lo que se suele enseñar a los niños de esa edad y lo que deberían saber al acabar cada curso escolar, a partir del preescolar.
Como nosotros estamos educando a nuestros hijos en casa, yo suelo imprimir esas listas para comprobar si hay algo que falte de forma llamativa en lo que están aprendiendo. Hasta ahora no ha sucedido, pero a veces obtengo ideas sobre posibles temas para juegos o libros que sacar de la biblioteca pública. Tanto si los niños van al colegio como si no, las listas pueden ser útiles para ver lo que otros están aprendiendo, y pueden ayudar a tranquilizarnos sabiendo que van muy bien.
Si existen aspectos en los que parece que un niño está por detrás, hay que darse cuenta que eso no indica ningún fracaso, ni del niño ni de sus padres. Simplemente, es una laguna. Los niños aprenden lo que tienen alrededor, y la idea de que todos deben saber esas 15 cosas a una edad concreta es una tontería. Aun así, si queremos que las aprenda, lo que tenemos que hacer es introducirlas en la vida normal, jugar con ellas, y las absorberá de manera natural. Si contamos hasta 60 cuando estamos haciendo la masa de un bizcocho, aprenderá a contar. Podemos sacar de la biblioteca libros divertidos sobre el espacio o el abecedario. Experimentar con todo, desde la nieve hasta los colores de los alimentos. Todo irá entrando con más naturalidad, más diversión y muchas menos presiones.
Sin embargo, mi consejo favorito sobre los niños pequeños es el que aparece en esta página. 
¿Qué necesita un niño de cuatro años?
Mucho menos de lo que pensamos, y mucho más.
Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia

viernes, 20 de septiembre de 2013

Nuestras normas



¿NORMAS? SÍ, GRACIAS

Este año cuando empecé el curso, y como ya os comenté en otra entrada del blog, decidí no poner algunos materiales que ya tenía hechos de otros años, para poder hacerlos con la clase.
En cuanto a las normas, lo que solía hacer era sacar de una en una o de dos en dos, unas  láminas que tenía de una editorial. Las íbamos releyendo cada día, hasta poner todas. Luego en la asamblea,  el encargado se las preguntaba al resto de la clase, en un principio diariamente  y luego semanalmente.
Este año, con el grupo mixto, pensé que tanto los de 4 como los de 5 ya iban a ser capaces de sugerir sus propias normas y así probablemente serían más significativas para ellos.
Planteamos durante un par de días qué normas creían ellos que eran necesarias y cuales echaba yo en falta, y así fui anotando, con expresiones fieles o similares, lo que ellos me decían además de algunas aportaciones que yo les hacía. Luego en casa estuve buscando  dibujos que acompañaran los textos  para que fuesen fácilmente identificables para ellos.
Al principio surgieron normas de todo tipo, que afectaban a la calle y a casa y tuve que reorientarles y decir que nosotros íbamos a elaborar un mural con las del cole nada más, y que en casa con las familias podían poner otras nuevas.
Es interesante la conversación que se desarrolla respecto a este tema, lo que aporta cada uno:
- Tenemos que poner que no hay que interrumpir cuando hablamos porque a mí, mi abuela me interrumpe y no me gusta.....
- Hay que poner no hacer el bruto porque cuando "x" juega a tirarse encima de mí me hace daño...  
Salen a flote los intereses y preocupaciones de muchos de ellos, de forma muy razonable. 
En general me sorprendió la cantidad de normas que fueron surgiendo, y en las que hacía hincapié cada uno. Yo no tenía pensado poner tantas como finalmente tenemos pero lo he visto oportuno ante su insistencia estos días – Seño, y tienes que poner la norma de……..-.
Cuando era yo la que escribía las normas, o pegaba en clase unas ya elaboradas, siempre trataba de hacerlo en positivo, es decir poniendo lo que había que hacer o como debía ser nuestro comportamiento, evitando las prohibiciones en la redacción de la norma. Esta fórmula tiene mucho sentido, porque si solo les decimos lo que  NO se puede hacer, ¿cómo sabrán lo que SI hay que hacer? Si desde un principio la norma está formulada en negativo parece que nosotros mismos ya estamos incidiendo en el aspecto negativo del comportamiento pasando por alto lo bueno.
Creo que esto es muy importante, pero sobre todo en 3 años, en la primera toma de contacto con el grupo y con el cole, ya que todavía muchos ni estarán maduros para formular unas normas, ni podrán deducir qué es  lo que sí que puedo hacer si se me están prohibiendo pegar, gritar….

Este curso sin embargo creo que ya todos tenían un bagaje con las normas del cole, y he pensé que no era necesario hacer tanto hincapié en este aspecto de la redacción en positivo. Por eso, sí que veréis normas que comienzan con un PROHIBIDO…….  Porque ahora ya sí que saben que si está prohibido gritar,  lo que hay que hacer es hablar bien a los demás y  sin dar voces. 

Y sobre todo porque confío en que tengan más en cuenta las normas, si cuando las repasemos en grupo o les dé un toque de atención, comprueban que he respetado sus aportaciones, y la “reprimenda” se ajusta a los límites que, juntos, nos hemos impuesto.


domingo, 17 de febrero de 2013

Decálogo para formar un delincuente

Hace bastante leí este decálogo, esta semana llegó de nuevo a mi correo. Lo comparto con vosotros, me parece interesante. Un saludo


 

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